Que no muera el optimismo

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redaccion diciembre 25, 2022
Actualizado 2022/12/25 at 10:25 PM
EL AUTOR es periodista.

POR ALBERTO QUEZADA

Estamos a pocos días para concluir el año 2022. 365 días que para muchos han sido de duro batallar, de incertidumbres, privaciones, tristezas, politiquerías, demagogias, hipocresías, falsedades y cinismos sin límite.

En cambio, para otros la mirada ha sido de pesimismo, oprobio, zozobra, dolor, llanto, lágrimas, cárcel, injusticias, abusos, carencias, hambre, exclusión, racismo y discriminación.

La sociedad dominicana ha transitado, según afirman otros colectivos, en un terrible laberinto colmado de señales indescifrables, signos enigmáticos y amenazas ignominiosas.

Para esos campeones del pesimismo, a menos de una semana para concluir este año, lo que se visualiza es un ambiente desolador e incierto.  

Pero dicen más, para ellos la mayoría desfallece entre las brumas de la violencia, la delincuencia, el desorden y el desastre actual. A su decir estamos asistiendo a la pérdida del aliento y el deseo dialéctico de cambiar.

Pero a pesar de toda esa literatura descrita más arriba, fruto de ese pesimismo histórico que nos persigue, soy de los que piensa que ningún dominicano debe abrigar preocupación ni dejarse sorprender por la propaganda capciosa que los enemigos de la paz difunden con el propósito ruin de crear artificialmente un clima de desaliento y confusión perjudicial al ánimo nacional.

La República Dominicana es un pueblo predestinado al que Dios siempre ha asistido cuando las iras de la naturaleza o los errores de los hombres han puesto en peligro su existencia.

Hay que confiar en que en esta oportunidad no nos falte la ayuda de la Divina Providencia para que la Patria nuestra perdure, para que todo el bienestar y desarrollo que hemos conquistado no se convierta en ludibrio y desenfreno.

Debemos y tenemos que seguir de pie, para cuando suene para América la hora, tal vez más próxima de lo que pensamos, del colapso de la civilización, nuestro país continúe incólume y flote como el Arca de Noé sobre las aguas de las inundaciones.

 

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